lunes, 8 de mayo de 2017

TEATRO SIGLO XX



Género dramático. Surge en Grecia hacia el Siglo 5 A.C. Proviene del griego “drama” que significa acción. Las obras dramáticas son escritas por dramaturgos para ser representadas en escena.
Las obras teatrales del siglo 20 fueron afectadas por la influencia histórica cultural que afectaron a la literatura de vanguardia y a la narrativa contemporánea.
Al abandonarse las concepciones realistas por el quiebre con el concepto de mimesis, formas experimentales también prosperaron en el drama, así el escenario se transformó en un espacio de exploración de nuevas formas de expresión.
Sus grandes innovadores fueron europeos y estadounidenses.
Varios ismos presentaron propuestas dramáticas, pero fue el surrealismo que realizó los aportes fundamentales como la valoración de la imagen irracional, lo onírico, el humor negro y absurdo, entre otros.
Según su característica expresiva distintiva sus formas se denominaron: teatro realista, poético, expresionista, del grotesto, del absurdo.

Teatro de Tesis

Surge como reacción a las exageraciones del  teatro romántico, proceso en el que cambia definitivamente el teatro europeo del siglo 20. Uno de sus puntales fue Ibsen, que pasa de escribir obras de estilo romántico a realistas, donde plantea problemas de su época, y de siempre, como la mentira, la inseguridad, la corrupción, el ámbito público y familiar, la religión y la autorrealización femenina, entre otros.
Ibsen consideró al teatro una forma de propaganda moral, su teatro se denominó de tesis ya que a través de los diálogos los personajes explicita su idiología.
Presenta situaciones familiares cotidianas con el acento en los problemas íntimos de la conducta.
Sus personajes discuten sobre problema comunes de la vida, logrando que el público se identifique con lo representado en escena, haciendo que lo cotidiano y ordinario también sea de interés del público.
Desparecen convenciones teatrales como por ejemplo el final feliz o estereotipos como el bueno  o el malo.
Los parlamentos exponen el pensamiento y el estado de ánimo de los personajes, detrás de las palabras.
Al igual que el teatro griego presenta en una mínima unidad de tiempo y lugar, vidas enteras, historias de años.

Teatro realista

Surge en Europa por 1870 y se desarrolla hasta 1920 aproximadamente, llegando, con variantes, a la actualidad.  Sus obras plantean de forma realista y con caracteres líricos (emoción, sentimientos y subjetividad) las vicisitudes de la sociedad de  los últimos años del régimen zarista en Rusia.
Uno de sus máximos dramaturgos fue Stanislavski, que apostó por una puesta en escena realista y la interpretación de los actores al servicio del personaje y no de los intérpretes.

Teatro poético

Entre 1900 y 1940 surge como reacción a la limitaciones del teatro realista el teatro poético, con textos escritos cuidadosamente, muchas veces en verso, con rasgos líricos y simbólicos, donde se buscaba sugerir más que mostrar, para lograr una atmósfera poética más que la realidad o la verdad absoluta.
Su autor de habla española más conocido fue Federico García Lorca.

Teatro expresionista

Nace hacia 1912 en Alemania a partir de la vanguardia expresionista. Sus obras son pesimistas y sombrías, presentaron una realidad deformada por la visión emotiva del artista y la angustia que generaba el mundo de pre-guerra, guerra y posguerra. Kaiser fue uno de sus grandes dramaturgos.

Teatro en el teatro

Pirandello, italiano, hacia 1921, crea la innovación de mostrar en una obra el mecanismo interior del teatro, logrando que el hecho del teatro, se convierta en el tema de la obra.
La obra “6 personajes en busca de un autor” propone dos planos, el de la ficción, integrado por los personajes que llegan al teatro a sustituir a los actores y representar por sí mismo su obra, y el de la realidad (que es una ficción también) integrado por el Director que está ensayando la obra.


TEATRO DEL ABSURDO

El término hace referencia a lo irracional, ilógico, contradictorio o incoherente. El concepto surge de la confrontación del ser humano con el mundo, el sentido de la existencia en un mundo que no ofrece razones a la razón humana.
En el siglo 20, el teatro del absurdo fue el más dispuesto a quebrar con la tradición escénica.
Años después de finalizada la 2da Guerra Mundial, y todos sus horrores, un grupo de escritores no vinculados entre sí crearon obras audaces y revulsivas que la critica denominó del absurdo.
Este teatro surge del pesimismo ante las experiencias atroces ocurridas en Europa. La razón lógica que instrumentó los campos de concentración y exterminio dejó en claro que el humano no es consciente de lo hace y el absurdo se transformó en un instrumento para denunciarlo.
Los personajes son instrumentos para que el espectador vea sus propias miserias, buscando remover los esquemas del espectador, perturbarlo, irritarlo, exasperarlo.
El teatro del absurdo plantea situaciones sin sentido, usando un humor disparatado, un tono tragicómico, con un libre manejo del lenguaje en el plano social y moral, lo que lo ubicó como la propuesta teatral más innovadora del siglo 20.
Sus personajes son seres que parlotean, con un lenguaje incoherente y vacío, gesticulan, pero no actúan, deambulan sin esperanza con un carácter irrisorio.
Este teatro surgió con el estreno de La Cantante Calva de Ionesco.


TEATRO NORTEAMERICANO

Teatro rico, vigoroso y variado creado por dramaturgos talentosos. Tres hechos contribuyeron a la aparición de este teatro: el premio pulizter en 1911, estimulo para los dramaturgos, la aparición en 1917 de la figura de Eugenio O’neill gigante del teatro contemporáneo, y la formación en 1928 de un teatro de arte, fuera del ámbito comercial, en Nueva York.

TEATRO DE O’NEILL

Este dramaturgo norteamericano fue fundador y primer dramaturgo del teatro norteamericano. Se hizo famoso en la década de 1920 como innovador de la escena contemporánea y fue premio nobel de literatura en 1936.
El fondo de sus obras es autobiográfico, escribió sobre sus experiencias, ideas y sentimientos. La crítica social trascendió su obra elevándose a nivel de lo humano universal.

O’neill planteaba que la verdad está en lo profundo y nos llega a través de las emociones, lo que lo colocó en conflicto con las creencias dominantes del mundo moderno occidental, como el pragmatismo y la filosofía científica que da importancia fundamental a pensamientos y acciones. Para O’neill explorar las emociones profundas humanas y su transformación, el contrapunto de la personalidad, fue una preocupación de toda su vida.
Sus obras se concentran en la emoción y excluyen a la acción por lo que su teatro recibió rechazo y críticas negativas.
Las obras presentan la imposibilidad de comunicación y como se crean mecanismos de defensa del yo para protegerse del mundo hostil.
Sus personajes viven en compartimentos estancos, intercambian pocas palabras, los demás son solo compañeros de camino de los cuales puede conocerse solo el nombre, rostro, voz o gestos.

Las obras de O’neill señalan el deber de conocerse a sí mismo. Explora en la personalidad desintegrada y muestra la ambivalencia y el antagonismo intimo de personajes que se mueven en un mundo con realidad contradictoria carente de lógica y orden.
La belleza queda expulsada de sus obras, para expresar así mejor la verdad, por lo que la muerte y el alcoholismo están siempre presentes.
Al apelar a la imaginación del espectador en forma constante, su realismo se conoce como realismo mágico (nada tiene que ver con el realismo mágico de la literatura latinoamericana del siglo 20).
Para recrear mejor la realidad introduce variantes en temas, situaciones, personajes y estilo. La gran tragedia de su tiempo es la que padece el individuo, y ahí toma partido por el desgraciado aislado y agredido por  una sociedad que lo acorrala y frustra.

Sus extensas acotaciones escénicas, la profusión de imágenes, anticipaciones, adjetivos que actúan como indicios de caracteres etopéyicos de sus personajes hacen de sus obras un realismo poético, que sean literatura en el teatro.

El antihéroe de la obra dramática de O’neill lucha y sufre su inevitable derrota, pero no contra un enemigo externo ni físico, sino que lucha sicológicamente contra su enemigo interno. Sufre de Ate, de parálisis de voluntad, por lo que aceptan todo lo de sus vidas no revelándose contra aquello que nos les permite realizarse.

Abandonó el mayor convencionalismo teatral, la extensión de la obra, paso de los por lo menos 4 actos con dos o tres horas de representación a obras que insumen el tiempo auténtico del tema.
Presenta con cuidado indicaciones para todos los que intervienen en la obra, director, actores, escenógrafos, iluminadores y otros técnicos. El lenguaje es claro, sobrio, popular, incluso apuesta por un tipo de “lunfardo” para dar naturalidad, autenticidad y expresividad a sus obras.


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